Compañías suizas y sucursales de empresas extranjeras

Sociedad anónima
Las empresas suizas gozan de gran popularidad. Se establecen con rapidez, su administración es sencilla y no suelen considerarse sociedades extraterritoriales (offshore). La forma más habitual es la sociedad anónima (Aktiengesellschaft). Estas se utilizan fundamentalmente para la tenencia de inversiones o la realización de transacciones comerciales.

Si se trata de una sociedad exclusivamente de holding, los ingresos procedentes de los dividendos no están sujetos a retención fiscal. Los beneficios de capital generados por la venta de intereses están exentos del pago de impuestos, siempre que se cumplan los requisitos fundamentales (relacionados con la cuantía del interés y el tiempo de tenencia). Si la empresa opera sobre todo en el extranjero, la tasa impositiva es baja (10 – 15 %).

Tanto los residentes como los no residentes pueden constituir una empresa suiza; no existen restricciones a este respecto. El capital mínimo para establecer una sociedad anónima es de 100.000 francos suizos y puede consistir tanto en acciones nominativas como en acciones al portador. Las acciones al portador son las más habituales para clientes extranjeros. La llevanza de libros de contabilidad es por supuesto obligatoria para las sociedades anónimas y se deben realizar declaraciones de impuestos todos los años.

Los dividendos pagados por la empresa a sus accionistas están sujetos a un impuesto sobre dividendos conocido como “impuesto de retención” que asciende al 35 por ciento del importe. En ocasiones el impuesto de retención disuade de establecer una empresa suiza, ya que contrarresta los beneficios de la fiscalidad directa relativamente favorable sobre los ingresos de la compañía.

Suiza tiene acuerdos de doble imposición con multitud de países (para ver una lista detallada, visite www.admin.ch). En la mayoría de casos, el impuesto de retención no se aplica de conformidad con los acuerdos de doble imposición o es reembolsado. Como consecuencia, los beneficios de las empresas suizas pueden llegar a los accionistas a modo de dividendos sin ser gravados en origen.

Sucursal de una empresa extranjera
Establecer una sucursal de una empresa extranjera en Suiza puede ser también una propuesta interesante. La sucursal no es una persona jurídica en sí. Se trata de una sucursal local de una empresa extranjera. Los ingresos de la sucursal son gravados de la misma forma que los de una sociedad anónima, pero la transferencia de beneficios de la sucursal a la oficina central no está sujeta a gravamen. Las sucursales resultan muy atractivas si existe un acuerdo de doble imposición que exime del pago de impuestos sobre los beneficios entre Suiza y el país en que está asentada la oficina central. El acuerdo de doble imposición suscrito con Alemania es un ejemplo de ello; implica que los beneficios generados y gravados en Suiza pueden ser transferidos a la oficina central de Alemania sin que vuelvan a estar sujetos a imposición en este país.

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